Luis René PelLecer


Inspirado por la memoria de su abuelo -quien le demostró la nobleza de la profesión y despertó su fuerte sentido de justicia-, desde temprana edad el Licenciado Pellecer se inclinó hacia una profesión relacionada con las leyes.


FORMACIÓN: EDUCACIÓN Y MENTOR


En sus años universitarios, un importante deseo de conocimiento se hace evidente en la historia del Lic. Pellecer. Por ejemplo, mientras estudiaba Derecho se dedicaba a realizar estudios paralelos, asistiendo a clases de una Maestría en Ciencias Sociales, por ejemplo. Así detectó su interés por el área financiera, por el manejo del mercado y los negocios, cuestionándose acerca de cómo funciona el dinero y las empresas. Como consecuencia se inscribe a la Maestría en Banca y Finanzas Internacionales de Boston University, en Estados Unidos. Una maestría que se separaba un poco de su formación en leyes y se adentraba en cursos administrativos y técnicos en materia numérica; “todo esto fue un buen cimiento para lo que después me iría especializando” , resaltó.


“Yo sabía muy poco de la profesión de leyes cuando me gradué, incluso poco después de que termino el pensum me voy a sacar una maestría y cuando regreso tampoco tengo tanta claridad, por la falta de experiencia.”

Vuelve a Guatemala con la idea de apoyar al departamento legal de algún banco, para poder emplear los conocimientos adquiridos. Luego de un complejo proceso empezó a trabajar para una importante despacho de abogados en Guatemala.


“Al principio me tocó trabajar muy duro; además, tuve la suerte de tener un buen mentor”, indicó.

Desde el primer proyecto que manejó allí -un caso de múltiples jurisdicciones-, todos fueron de un alto nivel de complejidad, casos que se alejan por mucho de la práctica habitual en Guatemala.

Después de cuatro años de dicha firma de abogados,  y haber dominado la práctica, el Licenciado Pellecer percibe que aún le hacen falta herramientas técnicas y teóricas. Por su experiencia, nota la gran importancia que hay en comprender al cliente, especialmente en las áreas corporativa, financiera y transaccional.


ESCUCHAR AL CLIENTE


Al completar un MBA en la Universidad Adolfo Ibañez en Chile, empieza a emprender en proyectos propios. Gracias a la amplitud de su formación, el Licenciado Pellecer combina sus conocimientos en leyes, banca finanzas y administración de negocios, lo que le permite una perspectiva única en el manejo de las instancias legales que rodean a una empresa.


Vuelve a Guatemala más equipado que nunca. Rápidamente reconoce la necesidad de que un abogado conozca de contabilidad y finaznas. Es en esas áreas en las que empieza a diferencias no solamente por sus conocimientos en temas como estadística o finanzas, si no también por sus experiencias internacionales. “Bajo una óptica más general de las distintas áreas, uno va migrando, de lo técnico que le enseñan en la universidad, a cuestiones más sensibles como negociaciones o toma de decisiones; situaciones  en las que el cliente ha depositado su confianza en uno para que lo represente en algún tipo de litigio o acción”, señaló. De esta manera, los abogados llegan a ubicarse en posiciones donde deben cargar con grandes responsabilidades, precisamente por la confianza que aumenta con el liderazgo.


FUNCIÓN FINANCIERA


En 2011 recibe una llamada de una empresa financiera, solicitando su ayuda, pues habían tenido problemas de comunicación entre la empresa y los abogados. Refiriéndose a estos últimos años comenta: “Han sido cuatro años intensos y muy difíciles, porque ahora estoy del lado del cliente”. En estos, se ha dedicado a trabajar internamente con un prestigioso grupo de empresas, educando al cliente interno y auditando diversos procesos.


Con la experiencia aprendió que las empresas requieren de alguien que entienda profundamente  el tema legal, mas no la parte técnica, sino la práctica; se necesita de alguien que conozca la manera en la que usualmente piensan y actúan los abogados. Asimismo, dentro de las empresas son muchas las áreas en las que participa la parte legal, hay muchos departamentos que producen una gran cantidad de documentación importante, y que requieren una administración compleja.


Ha sido vital el ordenamiento de las sociedades que se utilizan, así como las políticas que se utilizan para cada una de éstas. Indica que este es uno de los aspectos más delicados al trabajar con grupos de empresas; ya que son varias sociedades coexistiendo con gran proximidad, la organización es importante para evitar que se dispersen y se terminen construyendo telarañas de transacciones entre ellas, de múltiples jurisdicciones y naturalezas. Se han dado casos de grandes empresas, cuya organización es tan deficiente que la única solución es acabar con todo el grupo y volver a iniciar con nuevas sociedades. Sin embargo, sin un ordenamiento adecuado, volverán a caer al mismo enredo.


AUDITOR - ABOGADO -FINANCIERO


Dentro de una empresa, siendo un abogado que conoce de finanzas, en una transacción hay que saber diferenciar la función de los distintos actores, principalmente entre el auditor de la empresa, el abogado y el financiero; cada quien tiene su lugar. Cada especialidad permite una perspectiva distinta, cada una detecta las situaciones o consecuencias que, para su área, son más relevantes. “Puede que un financiero te de una óptica muy de finanzas. Por ejemplo, entre compañías no nos cobramos intereses sobre préstamos. El contador va operar sobre el financiero le diga que opere; pero el abogado va a decir: ‘no, esa transacción va a tener que tener intereses’’, y va a pelear con la decisión financiero. Entonces el abogado, parte de su rol es comunicar las ideas y lo que está visualizando, y aquí lo que sucede es que, en términos generales, entre partes relacionadas si no cobras el interés de mercado, fiscalmente se puede salir afectado, porque el fisco lo va interpretar como algún tipo de beneficio con el que no se está dialogando”, explicó. De manera que, si no se evalúan todas las opciones de una forma adecuada, se puede implementar un proceso que resulte contraproducente en otras áreas. Por tanto se debe ampliar la vista, para poder optar por la mejor postura.


“Ahí es donde entra riesgos, para analizar criterios, para evaluar con qué riesgo nos sentimos cómodos. Yo diría que los abogados realmente, como tema de liderazgo, en la medida que van ganándose la confianza, van a tomar un rol mas protagónico en las operaciones, no lo van a poder hacer si no tienen varios de los aspectos necesarios, porque solo van a ser muy buenos en la técnica legal, pero las empresas son mucho más que sus aspectos legales; terminan siendo una gran sinfonía, y todos tiene que trabajar en conjunto para que funcione.”

Se debe tomar en cuenta que hay distintas ópticas para enfrentar las transacciones, y desde cada una se aprecian diferentes aspectos y situaciones que se deben analizar. Por eso es importante que exista la figura del Director Legal, quien debe ser alguien que pueda observar objetivamente desde las diversas perspectivas, así como poder profundizar en la evaluación de las posibles consecuencias.


“Hay ciertas áreas que no van a empatar, simplemente hay que aceptar esa realidad. Entonces, debo evaluar con qué me siento cómodo. Por ejemplo, con qué nivel de tranquilidad fiscal me siento y con qué  temas laborales; ese s un rema específico donde uno pelea y le sirve tener una visión como analista, desde mi rol: yo soy un especialista en generalidades, hablo el idioma de ocho o diez jurisdicciones distintas, en aspectos fiscales, laborales, coorporativos, de capital y demás.”

PERCEPCIÓN DEL ABOGADO EXTERNO


A partir de estas reflexiones, el Licenciado Pellecer identifica hacia dónde se dirige la abogacía corporativa -pues cada vez se hace más competitiva-. Anticipa que pronto se exigirá más a los abogados; que tengan consciencia de los recursos, del tiempo, e incluso del capital que se les invierte para resolver ciertas cosas.


De tal manera, en la medida que los abogados tengan las herramientas necesarias, no para hacerlo sino para guiar, para dirigir, las empresas emepezarán a tener ahorros significativos.


“Por ejemplo, uno tiene que capacitar a los abogados internos, así se eficientizan procesos y se reducen costos”, señaló.

Luego surge otro tema importante, la tercerización. Cuando esto se hace, lo que se terceriza son transacciones. Muchas veces se acude a un abogado externo porque se cree que lo que se necesita es el apoyo para una transacción; pero usualmente las empresas grandes se dan cuenta de que realmente no, que hay muchos aspectos legales que se pasan por alto cuando todo se  terceriza: no se van a encontrar actas ni documentos de soporte o se traspapelan documentos importantes.


 “Yo siento que hacia dónde va un mejor servicio, no es simplemente a saberse las leyes o completar las transacciones, sino que el cliente va a querer un seguimiento más cercano, más personalizado y, ciertamente, a un costo más bajo.”

Por último el Licenciado Pellecer confiesa que si no hubiera sido abogado hubiera sido arquitecto, y cierra con esta recomendación:

“Hay muchísimas áreas del derecho en las que tenemos que ser una especie de arquitectos para diseñar las soluciones. En la práctica uno mira cómo se van creando esas soluciones, que aunque no son tangibles requieren mucho pensamiento, análisis y criterio. En mi caso es buscar soluciones que estén apegadas a la ley y apegadas a principios y valores.”

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