CUSTODIA Y PRIVACIDAD DE DATOS

María Roehrs

maria.roehrs@saulmendez.com

Saul E. Mendez

Uno de los commodities más valiosos de nuestros tiempos es la información, pero sobre todo información personal: mi nombre, mi edad, mi sexo, donde vivo, quienes son mis amigos y así, un sinfín de detalles sobre nuestra vida privada. Esta información que nosotros exponemos en los diferentes medios de comunicación vale mucho, y aunque no nos percatemos existen personas dispuestas a pagar grandes cantidades de dinero por ella. Pero ¿por qué? ¿qué hacen esas personas con esos detalles íntimos de nuestra vida? ¿cómo hacen uso de ella? ¿lucran con ella?

No es una noticia nueva que con esta información delicada e íntima se pueden manipular las preferencias durante las elecciones. Por ejemplo, muchos de nosotros conocemos que a través de nuestras redes sociales estas personas pueden colocar información específica que puede cambiar o darle un giro a nuestro voto. Pueden influir de tal forma que sesga nuestro voto. Lo que se hace con la información es mucho más delicado de lo que pensamos, pero ¿hasta dónde ese tipo de información es mía? y ¿cómo puedo protegerla?

Por otro lado, ¿qué ocurre con la información sensible de una compañía: estados financieros, representaciones legales? ¿debería ser custodiada? Claro que sí, y es nuestra responsabilidad como abogados in-house. El riesgo de que la información sensible caiga en las manos equivocadas es muy grande, y, nos expone tanto como empresa como personas. Además, es común pensar que en todas las negociaciones se debe tener acceso a los estados financieros, y en tal sentido, cualquier persona pide acceder a ello, asumiendo que es nuestra obligación compartírselos, y no debería de ser así. Debemos ser celosos cuando se trata de compartir información de la empresa.

Hace veinte años no era un problema proteger nuestra información, no existían redes sociales, tarjetas de crédito, la mayoría no teníamos acceso al Internet. Pero el mundo ha evolucionado y estamos en una era digital donde o estamos actualizados y al día con los medios digitales o podemos quedar desactualizados. El derecho informático es una disciplina jurídica que pocos entienden, y que pocos cumplen. Por lo tanto, ¿qué nos queda? Ser muy cuidadosos con lo que compartimos, a quien se lo compartimos, porque se lo compartimos y para qué. 

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